Deceso de Legendario Activista Enlutase a Los Hispanos de Nueva York
Eva Sanchis
El Diario-La Prensa, March 28, 2004

A la derecha, Richie Pérez, en una
de sus tantas actividades de protesta en favor de los desvalidos
y las minorías hispanas. En el centro, su fiel amigo
`Panamá.
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Después de más de cuatro décadas de lucha, Richie
Pérez, el legendario activista puertorriqueño, se rindió ayer
por primera vez en su vida. Pérez falleció en la mañana
del sábado en el hospital Memorial Sloan Kettering de Manhattan,
tras haber combatido un cáncer durante los últimos cuatro
meses. Tenía 59 años.
Su muerte deja un vació difícil de llenar en la lucha
por los derechos de las minorías, según los muchos que
le conocieron. Hasta el final de sus días, Richie, un antiguo
militante de los Young Lords, trató de construir una sociedad
más justa desde organizaciones políticas como el Congreso
Nacional por los Derechos Puertorriqueños, o comunitarias como
Community Service Society, la asociación para la que trabajó durante
los últimos 21 años.
Cuando otros camaradas abandonaron la causa con el paso de los años,
y hasta algunos se convirtieron en miembros de una elite que él
siempre criticó, el lema de Richie siguió siendo el mismo
que en sus años en los Young Lords: “Pa’lante, Siempre
Pa’lante.” Ni su matrimonio con la investigadora de NYU
Martha Laureano, ni la llegada de su hijo, Danny, le alejaron de la
lucha.
“El siempre fue una inspiración para mí por su
constancia,” aseguró el columnista del “Daily News” Juan
González, su camarada en los Young Lords en los años
setenta. “Muchos dejaron la lucha por sus carreras, sus familias,
pero Richie nunca, nunca paró.”
Muchos fueron los activistas, periodistas y cargos públicos
cuya conciencia social despertó tras conocer a este hijo de
familia trabajadora nacido un 3 de diciembre de 1944 en el Sur del
Bronx.
El activista puertorriqueño Vicente Alba “Panamá,” de
52 años, fue alumno de Richie en la escuela de secundaria James
Monroe de El Bronx. Por aquel entonces, Richie, con sólo 23
años, era el profesor más joven, y alternaba su labor
en las aulas con furiosas protestas callejeras contra la Guerra de
Vietnam.
“El fue definitivamente un ejemplo,” aseguró Alba,
quien eventualmente también se unió a los Young Lords. “Aquellos
eran años de mucha fricción social. Los afro-americanos
reclamaban más poder y Richie reflejaba el activismo de la juventud
latina.”
Pérez también fue mentor de Teresa Santiago, directora
de la Junta Estatal de Protección del Consumidor: Su primer
encuentro con el puertorriqueño se produjo en y boicot en 1981
de la película “Fort Apache: The Bronx.” El filme,
protagonizado por Paul Newman, narraba la vida de un policía
en su comisaría, “Fort Apache,” localizada en las
calles “sin ley” de El Bronx. Santiago, de 43 años,
era por aquel entonces una universitaria de Fordham:
“Quería ir a ver la película después de
clase, pero cuando me encontré a toda mi gente protestando,
pues yo también me uní a la manifestación,” recuerda.
Los años pasaron, pero a Richie no se le acabaron las causas.
Donde antes estaba Vietnam, ahora estaba Irak. Lo que en los sesenta
eran las condiciones sanitarias deplorables de los guetos puertorriqueños,
en los noventa era la falta de poder político de los pobres,
que no ejercían su derecho al voto contra los poderosos. Durante
los últimos años, con sus campanas desde Community Service
Society, Richie había logrado que más de 150,000 hispanos
y afro-americanos se registraran para votar.
“Cuando nadie estaba registrando a las minorías para votar, él
implanto aquí el primer modelo para hacerlo,” aseguró David
Jones, director de Community Service Society, y quien trabajó 18
años junto a Richie. “Es imposible expresar lo importante
que era para nosotros.”
Entre las grandes victorias de Richie, se cuenta su lucha contra la
brutalidad policial en Nueva York. El fue el alma de un movimiento
de cuatro años que logró responsabilizar a un policía
de la muerte de Anthony Báez en El Bronx en 1994. Báez,
que fue arrestado después de que su balón golpease un
coche de policía, murió asfixiado a manos de un agente,
quien posteriormente dijo que el joven había sufrido un ataque
de alma. Entre sus luchas inconclusas, se encuentra su campana para
hacer que las minorías voten. Era una tares difícil a
inmensa, peso a él no parecía, importarle.
“Había etapas en que una cola detrás de otra salía
mal; pero él tenia esa fuerza de la clase trabajadora,” recuerda
Jones. “Siempre que Richie caía al suelo, se levantaba
y volvía a pelear.”
El abogado Juan Cartagena, quien compartió oficina y luchas
durante más de una década, asegura que Richie, a pesar
de su idealismo, analizaba como pocos la realidad que le rodeaba: “Hacia
un análisis profundo de las batallas que perdíamos, y
siempre encontraba otra manera de buscar la victoria.”
A pesar de haber sido uno de los lideres comunitarios más visibles
durante las últimas décadas, Santiago explica que a Richie
no le tentaban ni los premios ni la publicidad: “El era sobre
todo un hombre integro, de palabra, que cuando decía algo, lo
hacía, porque su gente siempre era lo primero.”
La actriz Rosie Pérez, quien trabajó con Richie en “The
King of the Jungle,” lamentaba ayer consternada su pérdida: “Era
un luchador de verdad. Alguna vez le vi desilusionarse; rendirse, jamás.”
Richie deseaba que en vez de flores, se hagan donaciones al National
Congress for Puerto Rican Rights o al “Voter Registration Campaign” de
Community Service Society. |