Siempre con la voz en alto en protesta por los que no tienen voz. (Photo por Manny Segarra)

Richie: ‘Pa’lalante, Siempre Pa’lante’

Rosanna Rosado

El Diario-La Prensa, March 2004

Hace cuatro años a los pocos meses de ser nombrada gerente de este periódico, estuve en la apertura del Festival de Cine Latino, que se inauguro con la película de John Leguizamo “The King of the Jungle” donde, para mi sorpresa, Richie Pérez salía en la cinta interpretándose a sí mismo. Pérez hacía el papel de un activista que informaba e instruía a líderes comunales sobre la brutalidad policial y la forma de organizarse.

Después del filme, le dije a Richie: “Oye, nene… Tu no te cansas?,” y me contestó: “Sí, claro que me canso, pero no podemos parar mientras sigan matando a nuestros jóvenes.”

“They’re killing our kids,” venía diciendo desde hace años refiriéndose a los casos de brutalidad policial.

Durante todas mi camera en los medios, Richie ha sido uno de esos líderes con la sonrisa de quien no está satisfecho, de quien sabe que “the struggle is not over,” la lucha continua. Hasta el otro día, antes de ser internado en el hospital, se dedicaba a enviar “e-mail blasts,” que nos mantenían a todos informados sobre los casos importantes de derechos civiles, la guerra, la brutalidad policial y otros asuntos de justicia social. Fue precisamente cuando pasaron unas semanas sin que hubiera recibido un e-mail suyo que me enteré de que Richie no estaba bien de salud.

En la última campana para elegir alcalde, mientras otros líderes latinos se iban acomodando detrás de alguno de los cuatro o cinco aspirantes a la alcaldía, Richie estaba ocupado en la inscripción de votantes. Había desarrollado un plan para la inscripción de jóvenes a través de la agencia donde trabajó los últimos 10 años, The Community Service Society.

“Estoy preocupado,” dijo, “porque tantos jóvenes que pueden votar, no se han inscrito.”

Se me hace difícil despedirme de un verdadero héroe – una palabra tan abusada y mal aplicada en estos tiempos donde celebramos a cualquiera y confundimos la celebridad y el protagonismo con el heroísmo. Para mí, Richie Pérez es un héroe, no por la manera en que murió, sino por la manera en que vivió sirviendo a la comunidad sin intereses, sin micrófono y sin montarse en tribuna.

Una vez, cuando yo trabajaba en el gobierno municipal, estando en la Stevenson High School, donde Giuliani tenía una de sus famosas reuniones Town Hall, cuando se paró el comisionado de policía—Bill Bratton—Richie y un grupo de madres de víctimas de brutalidad policial no dejaron hablar al comisionado. Bratton se puso rojo y tuvo que sentarse. Cuando Giuliani comenzó a regañar a los activistas, éstos le dieron la espalda. Yo creí que a Bratton le daba un infarto de la rabia.

Richie fue de esas personas que siempre fue completamente claro con sus principios, sin predicar ni buscar elogios, pero fiel a su misión de recordarle a uno en cada instancia que “la lucha continua.” “The struggle continues.”

Después de ver a Richie en la película de Leguizamo, me senté un día a desayunar con Gerson Borrero, quien era el editor. “Me afecto mucho ver a Richie en la película,” comenté, “me hizo recordar tantas historias que no se han contado. Ya no hay activistas así. Debemos utilizar esta oportunidad,” le dije “para rendirle homenaje a gente como Richie que llevan años en el activismo social. Quisiera que los reporteros de hoy entendieran la historia de los hispanos en esta ciudad, particularmente la de los pioneros puertorriqueños.”

Acordamos planificar un evento. Pero como muchas cosas importantes en la vida, le tomó segundo lugar a lo urgente. “La tiranía de lo urgente” como dice un colega, “nos desvía de lo que no es urgente, pero es importante.” Cuando nos enteramos de que Richie estaba enfermo, los dos lamentamos haber desperdiciado el tiempo durante los últimos cuatro años sin lograr ese merecido homenaje.

Y hoy, mientras escribo estas palabras con una tristeza profunda, tengo el consuelo de saber que Richie se fue, comprendiendo que su trabajo dejó frutos. Pudo ver en video la vigilia de hace varias semanas en la 1199.

Estaré siempre agradecida por su presencia en mi camino y porque él no nos dejaba olvidar que el poder de los medios está en la manera en que le damos poder a los lectores y oyentes, no en el simple hecho de alcanzarlos.

Será que Dios necesita a Richie allí en el cielo para montarle un piquete en contra del cáncer, esa enfermedad que se llevó esta vez a un héroe y que nos ha dejado un vacío. “It’s killing our people,” le oigo decir, “y no lo podemos permitir.”

Deceso de Legendario Activista Enlutase a Los Hispanos de Nueva York

Eva Sanchis

El Diario-La Prensa, March 28, 2004

Después de más de cuatro décadas de lucha, Richie Pérez, el legendario activista puertorriqueño, se rindió ayer por primera vez en su vida. Pérez falleció en la mañana del sábado en el hospital Memorial Sloan Kettering de Manhattan, tras haber combatido un cáncer durante los últimos cuatro meses. Tenía 59 años.

Su muerte deja un vació difícil de llenar en la lucha por los derechos de las minorías, según los muchos que le conocieron. Hasta el final de sus días, Richie, un antiguo militante de los Young Lords, trató de construir una sociedad más justa desde organizaciones políticas como el Congreso Nacional por los Derechos Puertorriqueños, o comunitarias como Community Service Society, la asociación para la que trabajó durante los últimos 21 años.

Cuando otros camaradas abandonaron la causa con el paso de los años, y hasta algunos se convirtieron en miembros de una elite que él siempre criticó, el lema de Richie siguió siendo el mismo que en sus años en los Young Lords: “Pa’lante, Siempre Pa’lante.” Ni su matrimonio con la investigadora de NYU Martha Laureano, ni la llegada de su hijo, Danny, le alejaron de la lucha.

“El siempre fue una inspiración para mí por su constancia,” aseguró el columnista del “Daily News” Juan González, su camarada en los Young Lords en los años setenta. “Muchos dejaron la lucha por sus carreras, sus familias, pero Richie nunca, nunca paró.”

Muchos fueron los activistas, periodistas y cargos públicos cuya conciencia social despertó tras conocer a este hijo de familia trabajadora nacido un 3 de diciembre de 1944 en el Sur del Bronx.

El activista puertorriqueño Vicente Alba “Panamá,” de 52 años, fue alumno de Richie en la escuela de secundaria James Monroe de El Bronx. Por aquel entonces, Richie, con sólo 23 años, era el profesor más joven, y alternaba su labor en las aulas con furiosas protestas callejeras contra la Guerra de Vietnam.

“El fue definitivamente un ejemplo,” aseguró Alba, quien eventualmente también se unió a los Young Lords. “Aquellos eran años de mucha fricción social. Los afro-americanos reclamaban más poder y Richie reflejaba el activismo de la juventud latina.”

Pérez también fue mentor de Teresa Santiago, directora de la Junta Estatal de Protección del Consumidor: Su primer encuentro con el puertorriqueño se produjo en y boicot en 1981 de la película “Fort Apache: The Bronx.” El filme, protagonizado por Paul Newman, narraba la vida de un policía en su comisaría, “Fort Apache,” localizada en las calles “sin ley” de El Bronx. Santiago, de 43 años, era por aquel entonces una universitaria de Fordham:

“Quería ir a ver la película después de clase, pero cuando me encontré a toda mi gente protestando, pues yo también me uní a la manifestación,” recuerda.

Los años pasaron, pero a Richie no se le acabaron las causas. Donde antes estaba Vietnam, ahora estaba Irak. Lo que en los sesenta eran las condiciones sanitarias deplorables de los guetos puertorriqueños, en los noventa era la falta de poder político de los pobres, que no ejercían su derecho al voto contra los poderosos. Durante los últimos años, con sus campanas desde Community Service Society, Richie había logrado que más de 150,000 hispanos y afro-americanos se registraran para votar.

“Cuando nadie estaba registrando a las minorías para votar, él implanto aquí el primer modelo para hacerlo,” aseguró David Jones, director de Community Service Society, y quien trabajó 18 años junto a Richie. “Es imposible expresar lo importante que era para nosotros.”

Entre las grandes victorias de Richie, se cuenta su lucha contra la brutalidad policial en Nueva York. El fue el alma de un movimiento de cuatro años que logró responsabilizar a un policía de la muerte de Anthony Báez en El Bronx en 1994. Báez, que fue arrestado después de que su balón golpease un coche de policía, murió asfixiado a manos de un agente, quien posteriormente dijo que el joven había sufrido un ataque de alma. Entre sus luchas inconclusas, se encuentra su campana para hacer que las minorías voten. Era una tares difícil a inmensa, peso a él no parecía, importarle.

“Había etapas en que una cola detrás de otra salía mal; pero él tenia esa fuerza de la clase trabajadora,” recuerda Jones. “Siempre que Richie caía al suelo, se levantaba y volvía a pelear.”

El abogado Juan Cartagena, quien compartió oficina y luchas durante más de una década, asegura que Richie, a pesar de su idealismo, analizaba como pocos la realidad que le rodeaba: “Hacia un análisis profundo de las batallas que perdíamos, y siempre encontraba otra manera de buscar la victoria.”

A pesar de haber sido uno de los lideres comunitarios más visibles durante las últimas décadas, Santiago explica que a Richie no le tentaban ni los premios ni la publicidad: “El era sobre todo un hombre integro, de palabra, que cuando decía algo, lo hacía, porque su gente siempre era lo primero.”

La actriz Rosie Pérez, quien trabajó con Richie en “The King of the Jungle,” lamentaba ayer consternada su pérdida: “Era un luchador de verdad. Alguna vez le vi desilusionarse; rendirse, jamás.”

Richie deseaba que en vez de flores, se hagan donaciones al National Congress for Puerto Rican Rights o al “Voter Registration Campaign” de Community Service Society.