Un Poeta Llamado Pedro Pietri

Chiqui Vicioso

El Diario La Prensa, 2 de Junio de 2004

Recibí, hace unos meses, una invitación de la poeta Myrna Nieves, para un homenaje en el Boricua College al poeta Pedro Pietri. Presurosa, le informé que no podía asistir, pero que ¡Cuánto me alegraba ese tributo!

Era casi invierno en Nueva York y agotábamos, Carlota Carretero, Karina Noble, Henry Mercedes, Jorge Pineda y yo, una temporada en el Teatro Repertorio Español, con las obras Salomé U y Wish ky Sour.

Al salir del teatro, después de los conmovedores testimonios de las mujeres presentes quienes regresaban con sus madres y abuelas para que ellas también fueran sacudidas por la terrible violencia de la condición de ser mujer que escenificaban Carlotta y Karina generalmente regresábamos a un apartamento solitario, y medio frío, habilitado por el teatro para las compañías visitantes.

Hasta que un día, surgió de la sala un poeta greñudo, de negra barba, negro vestuario y guantes negros que se acercó a nosotras y de manera casi tímida se presentó como Pedro Pietri.

Hacía dos años que en el Parque Central, durante un verano, había visto escenificar un monólogo de Pedro sobre los mantecados (término que utilizan los puertorriqueños de Nueva York para los helados) y me había maravillado con el hecho de que una cosa tan sencilla como un helado le había abierto las puertas para una profunda reflexión sobre Puerto Rico (¿un Proust caribeño?) y su niñez borinqueña.

De ahí el asombro ante la oportunidad de conocerlo y la inmediata calidez, convertida luego en un alud de risas, entre nosotros.

La invitación a un “ajó con habichuelas” no se hizo esperar (primera que recibíamos del colectivo artístico de Nueva York) y ya en su casa descubrí al otro Pedro.

De la pared colgaban marcos vacíos (“para que cada quien se imagine sus cuadros”), y la sala era un instalación del “kitsch” que caracteriza al campesinado desplazado a la gran ciudad, con sus sillones forrados de plástico, sus flores plásticas y los colores chillones con que los y las isleños tratamos de superar la nostalgia de la isla que dejamos.

Como buen caribeño, Pedro había invitado a la cena a su familia extendida y a algunos miembros de la “Congregación de la Madre de los Tomates,” que había fundado para dotar a puertorriqueños de un pasaporte propio.

Last Will and Testament
(Última voluntad y testamento)

 

1. Bricks

3. Words

5. Big City

2.- Trucks

4.- Numbers

6.- Tricks

3. Words

5.- Big City

2.- Trucks

6.- Tricks

1.- Bricks

4.- Numbers

5.- Big City

4.- Numbers

3.- Words

3.- Words

2.- Trucks

1.- Bricks

4.- Numbers

1.- Bricks

5.- Big City

6.- Tricks

3.- Words

4.- Numbers

En un momento dado, me obsequió sus dos últimas creaciones: Una antología de poesía invisible, donde todas las páginas estaban en blanco (claro está), y otra con la portada llena de clavos con las puntas hacia fuera, para que “al cortarte las manos entiendas que la poesía duele.”

De Pedro este poema, de la anología a la que se la han caído ya casi todos los clavos:

He removido los últimos clavos que no se cayeron al bajar la antología del estante, porque no los necesitas ya querido Pedro.

Descansa en paz.